Patrícia Soley-Beltran: “Los tacones sexualizan y fragilizan la mujer”

Patrícia Soley-Beltran: “Los tacones sexualizan y fragilizan la mujer”
25 julio, 2012 Marta Espinasa

Patrícia Soley-Beltran es licenciada en Historia Cultural, doctora de Sociología del género y miembro honorario del departamento de sociología de la Universidad de Edimburgo. Vive en Barcelona. Trabajó como modelo de moda y publicidad. Es apasionada, le gusta encontrar el por qué de las cosas y cultivar su sentido del humor. Le gusta leer y escribir buena literatura y es amante de los deportes de agua. Hoy, reflexiona junto a Taconless sobre el uso de los tacones y su significado en nuestra sociedad. ¿Llevas tacones? A veces. Por estar por casa, cuando estoy aburrida y sola (ríe). Algún día sí, aunque casi nunca. Cuando voy a alguna fiesta donde no tengo que caminar. Depende de la fiesta, según su nivel de sofisticación y la imagen que yo quiera dar.

¿Por qué llevamos tacones las mujeres? Porque elevan nuestras nalgas y nuestra altura y además se asocian a una imagen sexy. Comunicas que estás dispuesta a acogerte a una determinada forma de entender la sexualidad femenina.

¿Qué quiere decir? Por un lado, con los tacones te fragilizas, muestras que estás dispuesta a sufrir, a ofrecerte al otro, a someterte al otro. Los tacones son símbolo de sexualización y fragilidad de la mujer, según un determinado estereotipo.

“Con los tacones te fragilizas, muestras que estás dispuesta a sufrir, a ofrecerte al otro, a someterte al otro”

Una lectura un poco desoladora. Sí. Llevar tacones tiene un punto delicado, de sujeción, de sumisión. Pero debemos tener en cuenta que estamos sujetos a unas reglas que nos hacen ser como somos y, a la vez, nos limitan. Las reglas sociales nos dan una forma de entender la libido, nuestras emociones y, con ellas, componemos un mapa de estas imágenes estéticas, que constituyen nuestra vivencia corporal.

¿Existe otra actitud que nos lleve a ponernos los tacones? ¡Por supuesto! Puede que una mujer disfrute poniéndose tacones y se vea más guapa, más sexy e incluso más poderosa. Es una mujer que asume esta sexualización y capacidad de seducción desde un rol predeterminado. Considera que la capacitan como sujeto y le dan poder. Y, en cierto modo, es así, ¿no? Pero sólo dentro de un escenario tramposo.

Sí. Pero es un juego un poco peligroso, te pueden tachar de buscona. Efectivamente. En un contexto de igualdad de oportunidades profesionales puedes escoger jugar a un juego de sexualización, o no hacerlo. Pero en un contexto de desigualdad real y simbólica como el que vivimos, en el que, abreviando mucho, aún se premia más el cuerpo en las mujeres y la mente en los hombres, no estamos jugando en condiciones de igualdad.

Exacto. Aún a pesar de la valoración del físico, la posibilidad que se culpabilice a la mujer que quiera jugar a esta erotización o sexualización si no lo hace dentro de unas reglas muy estrictas. Una mujer percibida como hermosa en su cultura, que no esconde su atractivo y al mismo tiempo trata de ser reconocida como profesional por sus méritos y capacidades intelectuales, las desafía.

Es una lástima que aún perdure esta visión. Existen dos interpretaciones sobre la situación de la mujer en el mundo. La primera considera que estamos en un momento post feminista, al menos en el llamado “primer mundo”. Y estima que las demandas del feminismo ya se han conseguido y, por lo tanto,  las mujeres pueden jugar a la seducción cuando quieran, son libres de escoger jugar a la sobresexualización imperante.
“Aún se premia más el cuerpo en las mujeres y la mente en los hombres”

Una percepción un poco idílica. Sí. En cambio, hay otra teoría que explica que el feminismo ha ido progresando pero que no hemos conseguido la igualdad. Por lo tanto, esta libertad de acción no es tanta como nos pueden hacer creer. Sin ir más lejos, se sobreenfatiza el físico de las mujeres como fuente de valor y dignidad. Por ejemplo, se ejerce presión en niñas de doce años, o menos, para que incentiven su sexualidad sin que tengan la madurez para comprender su sexualidad ni el impacto que esta tiene.

¿Se puede frenar esta presión? En un mundo más justo sí. Pero por ejemplo, vi un documental en el que participé como experta que me llamó mucho la atención. Se llama Deu centímetres més a prop del cel (Diez centímetros más cerca del cielo) y, entre otras temas, entrevistaba distintas parejas jóvenes por la calle y les preguntaba por el uso del tacón.

¿Y qué explicaban? Las chicas decían “es incomodísimo, me los pongo una hora y ya sufro”. Y el chico decía “sí, pero a mí me gustan”. ¡A mí me gustan! ¿Os lo podéis creer? Es para decir “mujer, pues no te los pongas que yo te quiero igual. Póntelos un día en casa, o un día que vayamos de fiesta y vayamos en moto, ¡pero no sufras!”

¿Para presumir hay que sufrir? Para nada. Las mujeres tenemos este concepto muy arraigado, pero no hay por qué sufrir para sentirse sexy. Es como el hecho de relacionar ir de etiqueta e ir con tacones, muchas hemos crecido con este concepto.

Pero también existe una apariencia y un estatus relacionados con los tacones. ¡Claro! El tacón es un indicador de clase social. Una mujer que lleva tacones es una persona que no tiene que correr para ir a trabajar. Si tienes que andar mucho, coger el transporte público o ir con prisas es más difícil ponerse unos tacones. En cambio, si vas en plataformas o llevas unos buenos tacones, vas en coche y no haces según que trabajos.

¿Eres Taconless? Totalmente. Creo que las mujeres podemos vestir elegantes, ir cómodas y sentirnos guapas y femeninas con zapato plano. ¡No hay necesidad de usar tacones para eso!

En tres palabras, ¿qué es para ti ser Taconless? Confianza, serenidad y estabilidad.

Las sandalias Taconless con las que Patrícia Soley-Beltran acudió a la entrevista en Barcelona.

Las sandalias Taconless con las que Patrícia Soley-Beltran acudió a la entrevista en Barcelona.

Los primeros tacones de Patrícia Soley-Beltran - Taconless

Estos son los primeros tacones que usó Patrícia Soley-Beltran. Se los regaló su madre a los 15 años.

Periodista y Community Manager. Apasionada de la comunicación, el mundo 2.0 y viajar.

3 Comentarios

  1. Tana 6 años hace

    Lo primero que quiero deciros es: Felicidades! Una fantástica entrevista!

    Mientras leía la entrevista a Patricia Soley-Beltran venía a mi memoria una imagen: la de las antiguas mujeres chinas que tenían por costumbre vendar y aprisionar sus pies y dedos desde niñas para impedir su crecimiento. Este gesto era para ellas necesario para adquirir belleza. Los pies pequeños eran considerados como la máxima expresión de sensualidad en el cuerpo femenino. Y el caminar de las mujeres con pies vendados es bien sabido que enloquecía a los hombres chinos, que miraban embelesados cómo a duras penas podían mantener el equilibrio sobre unos pies artificialmente diminutos. Debía ser todo un espectáculo ver aquellas caderas bamboleándose a cada paso y sin duda que debía ser el súmmun del erotismo entonces.

    Lo que me pregunto es si realmente nos queda tan lejos todo eso… si la erótica del tacón sigue igual de viva hoy, y si no que les pregunten a los juanetes y a los dedos en escarpia que son el pan nuestro de cada día de muchas mujeres. Os dejo una reflexión: ¿Alguien sabe si los hombres también los sufren?…
    Es que… no veo demasiados zapatos masculinos puntiagudos 🙂

    Saludos!
    Tana

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